En el Río de la Plata el tango es más que una mera danza, música o canción: es un profundo sentir que se expresa en cada compás, en cada movimiento, en cada uno de los pasos en pareja. Junto al candombe y la murga, el tango es la expresión musical de mayor tradición en la cultura uruguaya. Desde el siglo XIX, época en la que se instaló en Montevideo como danza popular, el tango se ha extendido en calles, casas de baile y bares de la capital, estampando su pintoresca atmósfera de barrio y nostalgia.

Patrimonio del tango en Uruguay

El tango uruguayo es originario de las zonas bajas del Puerto de Montevideo, bailado en los “conventillos” (típicos complejos habitacionales de la población de escasos recursos) y “arrabales” (agrupaciones de viviendas y comercios en las áreas más populares). Mercados, cantinas, boliches y bailes eran los escenarios para la ejecución de esta danza, que fue revolucionaria en el acercamiento de los cuerpos, proponiendo un juego de seducción y entrega entre los bailarines. El tango canción, algo posterior al instrumental, tomó las expresiones y términos típicos del lenguaje callejero y popular, denominado “lunfardo”.

Si bien en sus comienzos el tango era inaceptable para las clases sociales de mayor poder socioeconómico, a lo largo del siglo XX se lo incorporó como un símbolo de las ricas tradiciones uruguayas y dejó de ser una expresión exclusiva de los sectores populares. En la actualidad, las tradiciones tangueras son revividas en varios locales donde se enseña la danza, así como espectáculos donde intérpretes y orquestas deleitan al público con los clásicos del tango.

El tango uruguayo cuenta con dos emblemas que lo distinguen en el mundo entero. El primero es La Cumparsita, el tango más célebre de la historia, compuesta en 1916 por el músico nacional Gerardo Matos Rodríguez, y declarada en 1998 como himno popular y cultural de Uruguay.

La cuerda de tambores está integrada por los tamboriles chico, piano y repique, que en sus diferentes registros combinados logran una contagiosa y particular armonía rítmica. Al son del tamboril se mueven las vedettes y las diversas figuras del cuerpo de baile con sus plumas y brillos, exhibiendo toda la alegría y sensualidad de la danza. La comparsa se completa con el Gramillero, la Mama Vieja y el Escobero, personajes cómicos que recrean los miembros de las antiguas colectividades africanas de Montevideo.

Afortunadamente, no es necesario esperar hasta febrero para disfrutar del ritmo del tambor en Montevideo. Durante los fines de semana, es frecuente ver en las esquinas barriales a las agrupaciones entibiando las lonjas y ejecutando los movimientos del candombe, bajo la mirada de vecinos y transeúntes que se unen al espectáculo callejero.

En numerosos pubs y salas de la ciudad se ofrecen espectáculos de fusión entre el candombe y otros ritmos como el jazz, el rock, el reggae, la salsa o la cumbia.

Para conocer los vestigios de la historia del candombe y de todas las tradiciones del carnaval uruguayo, es obligatoria la visita al Museo del Carnaval, ubicado frente al Puerto de Montevideo, sobre la Rambla 25 de Agosto de 1825, esquina Maciel.

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